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¿Qué es lo que mueve nuestros corazones?​

 

Predicación del P. José Kentenich / Misa celebrada en Enneabüren, 20 de abril de 1945
(Pocos días después de la liberación del campo de concentración de Dachau, el Padre


La gratitud.
 

¡Eucaristía: acción de gracias! La gratitud es la actitud fundamental del cristianismo, porque el amor y el poder de Dios se han manifestado de forma tan maravillosa. 
La gratitud, eucaristía, es también nuestra actitud fundamental, porque nuestra impotencia ha celebrado su desposorio con la bondad y el poder de Dios y porque Dios quiere desposar también en el futuro su bondad y su poder con nuestra impotencia. 
El símbolo de lo que Dios ha obrado y quiere obrar en y por medio de Schoenstatt, su instrumento, es la vivencia de las Hermanas de María en el mar de llamas de la ciudad de Stuttgart bombardeada. 
“Ellas corrieron por en medio de un mar de llamas y fueron salvadas, anunciando los magnalia Dei, las maravillas obradas por Dios”. 
El mundo está en llamas. Estamos en medio del gran fuego: Dachau, y todos los lugares a donde dirijamos la mirada. El mundo entero está siendo zarandeado y sacudido. Pero nosotros hemos permanecido intactos e imperturbables. Elevamos las alas para volar, para volar al vasto mundo. 
En medio de un mundo en llamas queremos convertirnos nosotros mismos en un mundo ardiente. 
En Dachau, a causa del clima imperante en ese paisaje pantanoso, se daba a menudo que el amanecer fuese más bello que en otras regiones: era una aurora maravillosa que adelantaba ya el resplandor de la salida del sol. Así es Schoenstatt, nuestro mundo: la aurora maravillosa de un tiempo nuevo. 
Desde aquí, desde Schoenstatt, queremos construir un mundo nuevo. A semejanza de lo que dice en el Evangelio: “Mientras todos dormían, brotó la semilla” (cf. Mt 13,25), así ha ocurrido también entre nosotros. En silencio e inadvertidamente, nos hemos convertido en amanecer de un tiempo nuevo. 
La Santísima Virgen, la grande y maravillosa Aurora del mundo, quiso anunciar a través de nuestra Familia una nueva era. Ella quiere hacer llegar sus rayos también al mundo actual a través de nosotros como aurora. Estamos animados por una confianza inconmovible pues sabemos de nuestra gran misión para el tiempo actual. 
Mientras que millones de personas están pensando cómo se darán ahora los acontecimientos, nuestro programa está firme. No queremos palabras grandilocuentes, sino que permanecemos en nuestro método probado: trabajo en pequeño, fidelidad en lo pequeño. No formulamos un programa nuevo ni tampoco un método nuevo. Tenemos claros la meta y el camino. Permanecemos en lo de antes.

Hemos experimentado en nosotros los magnalia Dei, las maravillas obradas por Dios. Eso nos apremia a rezar y cantar siempre el Magnificat: “Tú haces alegre y libre nuestro ser”. La omnipotencia de Dios nos utiliza para sus objetivos. Si vivimos nuestra misión, da lo mismo lo que nos sucede. María nos preserva del sufrimiento o nos lo endulza. Lo que hacemos al servicio de nuestra gran misión de Schoenstatt es todo tan pequeño porque, en última instancia, estamos siempre cobijados y seguros. El mundo está en llamas, pero nosotros estamos cobijados. ¡Magnalia Dei! 
El mundo está envuelto en las llamas del juicio. También nosotros somos una tierra en llamas. A nosotros se nos concede ser contrafuego. Esa es nuestra misión. A causa de esa expresión fue enviado el P. Eise a Dachau. 
Schoenstatt ha querido y sigue queriendo ser un contrafuego y encender en todas partes contrafuegos, también aquí, en el Schoenstatt de los montes Suabos. 
¡Fidelidad delicada! ¡Profundidad sencilla! 
A la esencia de la santa misa pertenece la eucaristía, la acción de gracias. Estamos en la capillita y en la santa Misa. Por encima de nosotros pasan zumbando los bombarderos. ¡Y qué cargas llevan! ¡Qué pequeños somos nosotros frente al acontecer del mundo actual! Pero, a pesar de ello, somos tan grandes porque estamos junto a la mesa santa del sacrificio. ¡Cuán a menudo hemos dicho anteriormente: “Nos regalamos al Padre eterno por las manos del Salvador”! Queremos agradecer, pero somos tan pobres. Es tan poco lo que tenemos para ofrecer por nosotros mismos. 


REFLEXIONES A LA PRIMERA PLÁTICA 
La gratitud es la actitud fundamental del cristianismo. 

  • ¿Cómo y cuándo demuestro yo en mi vida esa gratitud al buen Dios?  El mundo entero está siendo zarandeado y sacudido, el mundo está en llamas, pero nosotros estamos cobijados. Así es Schoenstatt, nuestro mundo: la aurora maravillosa de un tiempo nuevo. Desde aquí, desde Schoenstatt, queremos construir un mundo nuevo. 

  • ¿Cómo y cuándo ayudo en mi vida personal a construir este mundo nuevo?  La Santísima Virgen, la grande y maravillosa Aurora del mundo, quiso anunciar a través de nuestra Familia una nueva era. Ella quiere hacer llegar sus rayos también al mundo actual a través de nosotros como aurora. 

  • En mi vida actual, ¿cómo soy el instrumento fiel y dócil en manos de la Mater para llevar esta nueva aurora al mundo?  La omnipotencia de Dios nos utiliza para sus objetivos. Si vivimos nuestra misión, da lo mismo lo que nos sucede. 

  • ¿Tengo clara mi misión? ¿La vivo? ¿Cómo? 

  •  ¿Tengo tal confianza que da lo mismo lo que me suceda?

© 2015 por Santuario de Schoenstatt en Belén de Escobar

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